Remembranzas de los Abuelos VII
En pocos meses, los ecuatorianos regresaremos a las urnas, fiesta democrática dicen los grandes medios, es, la culminación de shows faranduleros, donde la farra, la fiesta, el glamour, se anteponen a la propuesta, al diálogo, a la participación de los votantes, que de acuerdo a las reglas del mercado ahora son simples consumidores. Variadas son las estrategias para conseguir votos, entrega de dadivas, fiestas con las mejores orquestas, entre otros espectáculos modernistas; si bien, las estrategias políticas han existido durante todas las épocas de la historia, el cambio radicaría en la velocidad con la que convirtieron al ciudadano en cliente.
No hace más de seis décadas, en un pequeño recinto subtropical, el abuelo con parientes y amigos, madrugaban con su mejor traje: pantalón de casimir, guayabera, zapatos de zuela, que, en una funda plástica para evitaban que se mojen al cruzar el rio; ya al otro lado, esperaban el tren, único medio de acceso al pueblo, donde llegaba el candidato presidencial Velazco Ibarra, su retórica convocaba a miles de ciudadanos, hasta en los lugares más recónditos de la patria; el caudillo, que, más allá de su ideología política, estaba su capacidad discursiva para llegar a las masas; pero, lo que más llamaba la atención, es la actitud democrática del abuelo y sus amigos, campesinos que una vez terminado el acto, regresaban a sus terruños, al siguiente día tocaba trabajar y producir, con la esperanza que los beneficios colectivos expresados en vialidad, salud, educación, producción, se cumplan; en la actualidad, la mayoría de ex ciudadanos ahora clientes, solo esperaran oscuros beneficios financieros individuales como: cargos públicos, contratos, entre otros.
Algunas de las actuales maravillas modernistas, en especial las faranduleras, que los libertarios tratan de vender como la cima de la humanidad; desde la filosofía Aristotélica, lo que están logrando es volver al ser humano a su estado de animalidad natural, donde la avaricia es su signo principal.