Remembranzas de los Abuelos IX
No hace muchas décadas, el agua, se valoraba como bien colectivo indispensable para la sociedad; quienes trabajaban en sus fuentes, para abastecer del líquido vital a las grandes urbes, estaban entre los más apreciados en la economía e institucionalidad de la época; la sede del Comité de Empresa del Agua Potable de Guayaquil, ubicada en sus fuentes “La Lolita”, se constituía en el espacio político, donde los trabajadores debatían, el marco legal y económico, para bienestar de la empresa, sus socios y familias.
La participación del abuelo era constante; pese a su escasa formación académica formal, impresionaba con sus alocuciones, primaba su objetividad y capacidad para resaltar los valores de solidaridad, reciprocidad, complementariedad, enforcados en el bien colectivo sobre el individual; el liderazgo adquirido por su discurso, permitía que la mayoría de los presentes, aprueben sus propuestas, como aquel día, cuando se preguntaba a Macias sobre el tema en debate, y el solo replicaba “Yo opino lo mismo que Urgiles”; algo a resaltar en su mensaje, no solo se refería a los derechos de los trabajadores, también hacía alusión a las obligaciones con la empresa, lo que ayudaba a sobreponer lo económico a la avaricia, que poco duró; años después, la organización sindical sucumbía ante las fantasías modernistas, la codicia ganaba espacio entre los líderes, poco a poco, se perdía ese espacio de debate y deliberación política, lo individual ganaba espacio al colectivo.
La estrategia modernista de minúsculos poderes dominantes, lograron conseguir sus objetivos, minimizar la colectividad, el bien común, la pólis que nos hace humanos; la soledad, la pérdida de la humanidad, logro que los trabajadores regresen a su animalidad natural y los libertarios a su afán de convertirse en dioses, donde la codicia, expresada en el narcotráfico, la delincuencia, la farándula politiquera hoy controla muchos estados.
Pero no son no son sostenibles, si destructoras; cuando el ciudadano se da cuenta, que no podrán tan ricos como ellos, que solo eran promesas y fantasías faranduleras, ya será tarde, solo quedaran sociedades enfermas, a la espera de periodos muy largos de cura.