Es necesaria tanta fiesta
Se ha convertido en una costumbre a veces perversa las celebraciones por cualquier cosa en las instituciones públicas, sobre todo de los GADS cantonales y provinciales donde evocan la fundación, emancipación, provincialización y cualquier pretexto donde se utilizan fondos del Estado para cumplir tales propósitos.
Si bien es verdad, que se debe mantener viva la historia de lo que sucedió muchos años antes para darnos la libertad y democracia que la vivimos a medias, estos eventos se pueden celebrar con solemnidad, altivez, respeto y emular el legado dejado por nuestros antecesores, para de igual forma trasladarlo a quienes nos seguirán en el camino de la historia. Deben centrarse en la formalidad con eventos ceremoniales, sesiones expresivas, con remembranzas alusivas a la fecha, dando ejemplo de patriotismo, honestidad y sabiduría en la toma de decisiones. Hasta ahí. Sin embargo la tónica actual no es la celebración en sí misma, persé, es el despilfarro en actos pomposos, rimbombantes y hasta altisonantes, con programas impresos a full color, bailes, banquetes, desfiles, utilizando recursos humanos institucionales, donde se hace gala del derroche más inmisericorde de dineros que son pagados con los impuestos del pueblo. La modestia no se conoce, peor los gastos ubicados en este andarivel.
De acuerdo con el COOTAD estas instituciones fueron creadas para legislar, fiscalizar, planificar el desarrollo local y provincial, realizar obra pública, apoyar el fomento productivo entre otras cosas, más aún, ahora no se deja pasar un motivo para el jolgorio, la vanidad, la foto y aprovechar el momento para hacer política. Desde luego los recursos son utilizados con el pretexto de fomentar el turismo y mantener presente la interculturalidad, preservación de la memoria social, patrimonio cultural y una variedad de subterfugios más.
Pese a que se aprobó la ley del 70/30 donde exige que el 70% debe asignarse a gastos de inversión y el 30% para gasto corriente que debe cumplirse hasta el 2028, mientras eso suceda, como estamos en el 2026, se mantiene la obsesión de gastar, no invertir. Nos hemos acostumbrado que se disipen 200, 300 mil dólares en eventos que duran horas, privándonos de inversiones en obras trascendentes, duraderas y de urgente necesidad. La expresión recato en gastos parece no existir.
Se acerca la celebración de la provincialización, será la oportunidad para ver si esta práctica continúa, o se da oídos al elector, a la mayor cantidad de ciudadanos, que no concuerdan con estos procedimientos.