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Anticapitalismo una cuestión de sobrevivencia

La economía no puede crecer indefinidamente, es que no es natural que esto suceda. Hasta hoy, el crecimiento económico no ha sido sustentable; sus repercusiones han sido negativas tanto en lo social, medio en la cual se desarrolla, como sobre la esfera terrestre (o biosfera) sobre la cual, en última instancia, todo nuestro mundo reposa.

En la última década, científicos de la NASA publicaron un impactante estudio en el que, basándose en complejos modelos matemáticos, pronosticaron un posible colapso de la civilización humana para dentro de pocas décadas. Dos causas fueron calificadas como determinantes. La insostenible sobreexplotación humana de los recursos de la esfera terrestre y la cada vez mayor desigualdad social existentes entre ricos y pobres.

Estas 2 causas son dos características que definen al sistema capitalista: una total insensibilidad hacia la sostenibilidad ecológica de la esfera terrestre y una abrumadora despreocupación hacia la desigualdad y la injusticia social. Por tanto, no es descabellado afirmar que el capitalismo es, hoy por hoy, si no la mayor, al menos, una de las mayores amenazas que se ciernen sobre la continuidad de la vida tal cual la conocemos.

La tonta relación que secularmente hemos hecho los seres humanos entre el dinero y la felicidad, da cuenta de un sistema insensato, que nos ha acostumbrado a asociar el poder adquisitivo con la capacidad de alcanzar una vida feliz. Es decir, se asume que nuestro nivel de renta determina la felicidad que podemos alcanzar en nuestra vida (o, como se suele decir, que el dinero da la felicidad). Esta engañosa forma de concebir la vida representa, probablemente, la herramienta moral que posee el capitalismo en la actualidad.

Sin embargo, esta forma de entender la vida es insostenible. Desde el punto de vista social el capitalismo es insostenible por cuanto promociona y se basa en una sociedad global de poseedores y desposeídos en donde el consumismo innecesario de unos pocos se produce a costa de las carencias vitales de la mayoría. Colateralmente a esta división económica de la sociedad en dos grupos (unas élites muy ricas y unas masas pobres), el capitalismo no ha logrado cumplir su clásica promesa de traer la felicidad a un creciente número de personas. Hay estudios a millares surgir que demuestran que el axioma tan fuertemente instaurado en el ADN capitalista (y en el imaginario colectivo) de que el dinero da la felicidad, se ha equivocado. Estos estudios demuestran que la correlación entre los ingresos y la satisfacción con la vida sólo se mantiene en etapas tempranas, cuando el dinero es usado para cubrir las necesidades más básicas. A partir de este punto entraríamos en una situación de “comodidad” en donde más dinero ya no significa necesariamente más felicidad. Es más, una vez alcanzada esta situación, seguir buscando obstinadamente el crecimiento económico nos ha hecho descuidar otros aspectos trascendentales de nuestra vida, tal como las relaciones sociales o el buen uso del tiempo. Así pues, definitivamente el capitalismo es un sistema que produce injusticia social y a la vez infelicidad humana.

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